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¡Se niega a ponerse las zapatillas en casa!’’¡No quiere hacer los deberes!’’¡Nunca deshace la bolsa del entrenamiento de fútbol!’’ Nunca quiere ponerse la chaqueta para salir a la calle, ¡se va a morir de frío!

Todos estos conflictos, aparte de ser motivo frecuente de consulta de muchos padres, tienen algo en común: son comportamientos de los niños que no afectan directamente a las necesidades de los adultos, pero que les preocupan y molestan. Ninguno de los ejemplos anteriores afecta a los padres y sus necesidades de forma directa, ni tampoco afectan a la convivencia. Sin embargo, a menudo se convierten en enfrentamientos constantes que generan en los padres emociones muy intensas de impotencia, rabia y cansancio. Los padres afrontan estas situaciones lo mejor que saben y pueden; intentan razonar con sus hijos, hacerles comprender y finalmente acaban amenazando y castigando cuando nada funciona.

Pongamos como ejemplo el caso de la chaqueta para salir a la calle. ¿Por qué los niños se niegan a ponerse la chaqueta aun siendo evidente que en la calle hace frío? Una posibilidad es que no tengan frío dentro de casa y, o bien no son capaces de anticipar que esa situación pueda cambiar, o bien no quieren hacerlo porque ¡no tienen frío! Al fin y al cabo, uno se abriga para eliminar la sensación de frío. Otra posibilidad es que el niño aproveche cualquier oportunidad para reclamar su autonomía (esto puede ocurrir si acostumbramos a obligar a nuestros hijos a abrigarse en función de nuestra sensación corporal y no de la suya). En este último caso es más probable que a la hora de elegir el niño haga más caso a su orgullo que a su cuerpo.

¿Cómo podemos entonces ayudarles a que aprendan a cuidar de sí mismos y de sus cosas, y dejar de estar nosotros pendientes de ellas? La solución pasa por permitirles que aprendan de las consecuencias naturales.

¿Qué son las consecuencias naturales? Pues ni más ni menos que las que se derivan de las acciones de nuestros hijos, de forma natural, sin nuestra intervención o participación. Lógicamente, cuando hablamos de experimentar las consecuencias naturales, me refiero a aquellas situaciones en las que no existe una situación de riesgo para el niño (como jugar con fuego, cuchillos u otras actividades potencialmente peligrosas)

Para permitir que nuestros hijos experimenten las consecuencias naturales, el primer paso es dar libertad al niño para decidir. En el caso de la chaqueta podemos recordarle, darle información acerca de la temperatura fuera, etc. pero finalmente él decidirá si se pone la chaqueta o no. Supongamos que decide no ponérsela. El segundo paso es esperar a que ocurran las consecuencias naturales: que el niño sienta frío. A continuación viene el momento más delicado; en este punto muchos padres preguntan: “¿le doy la chaqueta cuando la pida o no?” Pues bien, el tercer paso es estar disponibles para ofrecer la ayuda que pida el niño, así que sí, le ofrecemos la chaqueta.

Es muy importante recordar que nuestro objetivo no es culpabilizarle (“¿Lo ves? ¡ya te dije que ibas a pasar frío!”) ni darle una lección para que la próxima vez obedezca lo que nosotros decimos, sino que aprenda las consecuencias naturales de su decisión (abrigarse es necesario para no pasar frío). Es así como los niños pueden aprender a asociar la sensación de frío con el acto de abrigarse. Con el tiempo (bastante tiempo en algunos casos) serán capaces de anticiparse e incluso de acordarse de coger la chaqueta antes de salir de casa.

Cuando los padres nos tomamos la libertad de decidir acerca de los asuntos de nuestros hijos, les hacemos dependientes de nosotros, y nos convertimos, sin quererlo, en responsables de sus asuntos.

Los niños están deseando conquistar su autonomía. Cualquiera con un bebé de año y medio en adelante puede dar fe de esta afirmación. Pero para hacer esta conquista necesitan decidir, equivocarse y aprender de sus errores. Nuestro rol como padres no es tanto “enseñarles” como proporcionarles un entorno seguro (desde luego, no recomiendo en ninguna situación que se ponga en riesgo la integridad física del niño) y darles la libertad de elegir, ofreciendo nuestra ayuda y apoyo cuando experimentan las consecuencias naturales.