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por Aletha Solter, Ph.D.

Este artículo es un extracto del libro de Aletha Solter, Mi niño lo entiende todo.
Copyright © 1989 por Aletha Solter. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este artículo puede ser reproducida o transmitida en ningún formato o por cualquier medio electrónico o mecánico (incluida la copia a otros sitios web, e incluyendo las traducciones), sin el permiso escrito de Aletha Solter.
Traducción español: Copyright © 2002 por Ediciones Medici, Barcelona. Todos los derechos reservados.

 

La idea de que el ser humano nace con una naturaleza maligna está en la base de la actitud hacia los niños que tenemos en la cultura occidental. Normalmente se cree que los niños nacen con impulsos y tendencias inaceptables que no van a desaparecer a menos que se enseñe a los pequeños a controlarse y comportarse, lo que implica negar su naturaleza interna. Los defensores de esta teoría consideran que el papel de los padres es civilizar y domar la naturaleza salvaje de los niños.

Esta teoría presupone que los niños tienen el instinto de pegar y morder a otras personas, que no desean usar el lavabo ni aprender a compartir, cooperar o ayudar a otra persona, y que robarían, mentirían y destrozarían las cosas a no ser por la disciplina y la enseñanza de valores morales y normas sociales. Se incita a los padres a castigar a los niños que se “portan mal”, para que éstos se sientan malos y culpables. La culpa es considerada como la gran fuerza motivadora tras un comportamiento socialmente aceptable. Los niños aprenden así a renunciar a sus impulsos indecentes y poco civilizados porque aman a sus padres, desean agradarlos y quieren ser amados por ellos.

Esta creencia ha hecho más daño que cualquier otra inventada por la humanidad. Es uno de los principales motivos por los que el mundo se halla en un estado tal de caos. Ha llegado a justificar la violencia, la coacción, la falta de amor, el aislamiento, las amenazas y la humillación bajo el disfraz de una buena “disciplina”. Ha provocado que poblaciones enteras obedezcan ciegamente a figuras autoritarias y que sean incapaces de pensar claramente sobre su forma de actuación. Ha producido generaciones de adultos cargados con sentimientos de culpabilidad, miedo y vergüenza. Ha provocado que las necesidades reales do los niños quedaran insatisfechas, generando adultos que pasan por la vida intentando desesperada e infructuosamente satisfacer sus necesidades tempranas, buscando a alguien que les pueda amar, aceptar y comprender.

Si pudiéramos liberarnos de esta noción fuertemente arraigada y si pudiéramos tratar a un bebé desde el inicio con una actitud abierta y de aceptación, seríamos capaces de captar la esencia del ser humano real con su amplio potencial de bondad. Podríamos ver su tendencia innata hacia el crecimiento físico, mental y emocional, su deseo por entender el mundo, su asombrosa capacidad de dar y recibir amor, de cooperar con otros seres humanos, de aprender nuevas prácticas y de adquirir conocimiento. Podríamos ver la capacidad de alcanzar niveles más altos de potencial humano.

Si fuéramos capaces de satisfacer todas las necesidades do amor, comprensión, estimulación, proximidad física y sustento de este bebé, y si lo tratáramos con el mayor respeto y confianza, podríamos ver que no se convierte en un monstruo egoísta y destructivo, sino en un adulto responsable, inteligente, colaborador y amoroso.

Cuando los adultos tienen tendencia a la destrucción o la violencia, debemos asumir que fueron maltratados de pequeños. La gente no actúa de forma mala, estúpida o dañina a menos que haya experimentado un comportamiento doloroso por parte de los otros, o a menos que sus necesidades no hayan sido satisfechas en al niñez. Los estudios sobre criminales han mostrado repetidamente la existencia de malos tratos graves y tempranos en un ambiente que careció de comprensión de sus sentimientos y necesidades.

 

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Se puede encontrar una descripción de esta filosofía de la educación en los tres libros de Aletha Solter: Mi bebé lo entiende todo, Mi niño lo entiende todo, LLantos y rabietas. Fecha de publicación: 2002, Ediciones Medici, Barcelona, España. (Titulos en inglés: The Aware Baby, Helping Young Children Flourish, y Tears and Tantrums.)

Mi bebé lo entiendo todo Mi niño lo entiende todo Llantos y rabietas
Mi bebé lo entiendo todo Mi niño lo entiende todo Llantos y rabietas